jueves, 6 de febrero de 2014

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lunes, 3 de febrero de 2014

Libros RS: El secreto de San Isidro, una historia de abusos en un colegio católico

Nicolás Cassese rompe el silencio sobre el caso Peter Malenchini


De eso no se habla. Cassese destapa un viejo secreto de su colegio. Foto de Vera Rosemberg
En San Juan el precursor, un colegio católico y elitista de San Isidro, no dejan -todavía- entrar a las mujeres. Entre hombres corre la culpa, la fantasía y la represión, pero también el abuso pervertido y criminal: treinta años después de consumadas, salen a la luz las degeneraciones a las que un respetado profesor de Plástica sometió a por lo menos nueve niños a principios de los años setenta. El escándalo es mayúsculo y, no exento de cierta vitalidad, hasta genera entusiasmo: algo pasa en el reino conservador.
Nicolás Cassese, que fue a ese colegio pero después de la felonía, ve el destape por tele, en el show de Rolando Graña, donde la producción se alió con los ex alumnos (incluida una de las víctimas) para hacerle una cámara oculta al pedófilo, donde confesó sus crímenes. Cassese es periodista -dirige la revista Brando y publicó un libro sobre la familia Di Tella- y decide investigar el caso; el resultado es este libro rápido y claro, que empieza transcribiendo la cámara oculta donde todo queda expuesto, y luego reconstruye la historia en un prolijo relato periodístico, incluyendo las cartas que en 1976 los padres de un niño "vejado" intercambiaron con Malenchini.
"El silencio fue peor que las violaciones", dice Luis María "Tupa" Belgrano, la víctima que más habló con Cassese, y el silencio no es tanto el de los varios chicos abusados que no se animaban a contar lo que vivían, como el de la dirección del colegio San Juan y de las autoridades católicas de San Isidro (incluidos Laguna y Casaretto), que apenas hubo indicios y denuncias operaron con la prioridad de que no hubiera escándalo ni se mancillara el nombre de la escuela, ni se viera incomodada la imagen de la alta sociedad aristocrática.
Contra la manipulación de Malenchini, la reacción parcial de los padres y el encubrimiento de las jerarquías, el libro se vertebra con el proceso por el cual un grupo de hombres hace frente a los horrorosos fantasmas que cargan desde la niñez. Ante el silencio que era la norma, ante el tabú del deseo y la naturalización del poder de la autoridad, los chicos que sufrieron la crueldad ruin del profesor Peter Malenchini se convierten, finalmente, en hombres libres. Se organizaron para escrachar, para denunciar, para enunciar su verdad públicamente, y ahí, al poder articular lo que el entorno en que se criaron mandaba a aguantar y a callar, dejan de ser chicos víctimas para constituirse como hombres que hacen justicia.
Por Agustín J. Valle

lunes, 27 de enero de 2014

Arte. Un paseo latino en París

Fundación Cartier. La selección de artistas argentinos incluidos en el panorama fotográfico de la región exhibido en el prestigioso centro de arte contemporáneo confirma el poder de las imágenes de Marcos López, Marcelo Brodsky, Graciela Sacco, Facundo de Zuviría y León Ferrari, entre otros
Por   | LA NACION

Con video propio, Marcos López, autodenominado "el Andy Warhol del subdesarrollo", fue uno de los protagonistas de la muestra. Foto: Gentileza Fundación Cartier

Un grupo de jóvenes de unos veintitantos llega a la Fundación Cartier. "Este es mi territorio", bromea uno. Lo dice en francés pero con un reconocible acento latinoamericano, en referencia a América Latina 1960-2013 , la exposición que la fundación de arte contemporáneo situada sobre el bulevar Raspail exhibe hasta principios de abril. Rodeado por 500 fotografías de 72 artistas de 11 países latinoamericanos, es normal que este latino se sienta como en casa.
Después del australiano Ron Mueck, cuyas esculturas hiperrealistas atrajeron a más de 300.000 visitantes convirtiendo a esa muestra en el mayor éxito de la fundación desde su creación en 1984, Cartier se sumerge en el subcontinente latinoamericano. A través de obras en las que interactúan textos e imágenes fotográficas, la exposición ofrece un panorama de aquellos hechos que marcaron la región desde 1960, luego de la revolución cubana, hasta el periodo actual: los movimientos revolucionarios, los regímenes militares represivos, la emergencia de guerrillas, las transiciones democráticas y la inestabilidad política y económica, vistos por los artistas.
Por momentos demasiado didáctica y concebida desde una mirada totalmente europea, la muestra tiene el mérito de presentar a artistas latinoamericanos a veces desconocidos para el público francés. Se destaca también el documental- road movie del artista paraguayo Fredi Casco y de la directora Renate Costa, que durante cinco meses y a pedido de la Fundación Cartier atravesaron América Latina y entrevistaron a algunos de los artistas expuestos. La película, de 140 minutos, se descubre recién al final de la muestra y puede verse en la web de la fundación (fondation.cartier.com). Entre los argentinos aparecen Marcelo Brodsky, Graciela Carnevale, Marcos López, Luis Pazos, Juan Carlos Romero, Graciela Sacco y Facundo de Zuviría. Sus testimonios enriquecen y ofrecen una nueva dimensión de sus obras.
"Somos casi la única institución parisiense en interesarse en esa parte del mundo: intentamos ir allí donde los otros no van. El público europeo no conoce mucho el arte de esa región, y se lo quisimos hacer descubrir. A las obras de países más presentes en la escena del arte contemporáneo, como la Argentina o México, se suman las de Perú, Paraguay, Colombia y Venezuela, por ejemplo", explica en diálogo con adn Leanne Sacramone, integrante del equipo de seis curadores. A ella le tocó viajar por la Argentina, Colombia y Cuba para seleccionar obras. Fueron dos años de preparación y se intentó, cuando era posible, presentar tiradas de época. La muestra está coproducida por el Museo Amparo de Puebla, en México, donde se presentará de mayo a septiembre.
La exposición ocupa los dos pisos de la fundación y se divide en cuatro temas. En "Territorio", las obras revelan el cuestionamiento de numerosos artistas sobre la noción de identidad latinoamericana, entremezclado con la delimitación de los diferentes países que componen la región y que dio origen a numerosos conflictos. El chileno Elías Adasme (1955) se para al lado de un mapa de Chile en el que la referencia geográfica es borrada y reescrita sobre su cuerpo, símbolo de que son los individuos y no un poder político los que construyen un territorio. La brasileña Regina Silveira (1939) presenta un rompecabezas que nunca es armado de la misma manera. Cada nuevo montaje, con piezas en negro o que reflejan las caras de Pelé, Carlos Gardel o el Che Guevara, dará lugar a una nueva lectura de la historia. Para la brasileña Leticia Parente, el compromiso pasa por involucrar el cuerpo mismo: se cose con un hilo la frase Made in Brasil en la planta del pie. Entre los argentinos, Carlos Ginzburg (1946) fotografía facetas del fenómeno turístico y Jorge Macchi (1963) documenta algunos barrios de Buenos Aires con imágenes y sonido.
Bajo la temática "Ciudades", la exposición analiza el crecimiento exponencial de las ciudades latinoamericanas, que albergan el 80% de la población y reflejan "una evolución caótica". El mexicano Pablo López Luz (1979) captura las formas precolombinas de la arquitectura moderna. La colombiana Rosario López (1970) se interesa en los reordenamientos urbanos de Bogotá, que tienen por objetivo desplazar a las poblaciones más desfavorecidas: se levantan conos de hormigón en los rincones de las calles para que no sean ocupados por los sin techo. En la serie Tristes Trópicos , de Marcos López (1958), "el Andy Warhol del subdesarrollo" como él mismo se denomina, sus ya conocidas fotografías que explotan de colores muestran las ciudades argentinas marcadas por la mutación neoliberal posdictadura. Facundo de Zuviría (1954) inmortaliza el fin de la clase media a través de fotografías de los comercios con las persianas bajas luego de la crisis de 2001. Al mirar hacia fuera aparece la obra Bocanada , de Graciela Sacco (1956). Las bocas abiertas que piden algo y frente a las cuales no es posible ser indiferente se multiplican sobre el mural de la Escuela Especial de Arquitectura, frente a la fundación.
"Descubrí el compromiso y el humor negro de los artistas ante la dificultad, y siento que hay algunos cuestionamientos parecidos. Muchos se interesan por las contradicciones entre el espacio urbano y lo que pasa en la calle, o transmiten la nostalgia de un tiempo pasado que era mejor, como las litografías de época de De Zuviría o las fotografías del cubano Eduardo Rubén", agrega Sacramone.
Bajando las escaleras, "Informar-Denunciar" refleja la presencia de la violencia política en las obras. Juan Carlos Romero (1931) recupera sangrientas portadas de diarios de los años 60 y 70, y la serie Nunca más de León Ferrari (1920-2013) les demuestra a los europeos que, aun con el retorno de la democracia, las heridas todavía están muy presentes. Las ocho fotografías de Luis Pazos, Transformaciones de masas en vivo , que fueron en un principio realizadas como un hecho estético, se convierten en otro testimonio de las atrocidades de la dictadura: muchos de los estudiantes de quinto año que participan en ese body work colectivo, jugando a posar haciendo formas, terminarán desapareciendo.
En "Memoria e identidad", las obras revelan los cuestionamientos de la sociedad latinoamericana en plena mutación a partir de los años 90. Marcelo Brodsky (1954) se interesa en la forma en que las desapariciones durante la dictadura (entre ellas, la de su hermano) impactaron sobre su generación y sobre la sociedad argentina. En Buena memoria , marca sobre una vieja foto escolar el destino de cada uno de sus compañeros del Colegio Nacional de Buenos Aires. Tres aparecen tachados, entre ellos su mejor amigo: dos son desaparecidos.
La peruana Milagros de la Torre (1965) se detiene en la vestimenta antibalas fabricada en Colombia, con apariencia de prêt-à-porter , para proteger a la gente de los ataques armados. Y Marcos López reaparece con su serie Pop Latino . Al salir, es necesario tomarse un café crème o caminar algunas cuadras para reconectarse con la dinámica parisiense.
Ficha. América Latina 1960-2013 en la Fundación Cartier, París, hasta el 6 de abril.

sábado, 25 de enero de 2014

ISABEL ALLENDE

“James Bond está muy trillado y los héroes son un fastidio”

POR BÁRBARA ALVAREZ PLÁ


Nuevos horizontes. La célebre escritora chilena acaba de publicar su primera novela policial. / LORI BARRA.


18/01/14
“Mi madre todavía está viva, pero la matará el Viernes Santo a media noche...”. Así comienza El juego de Ripper (Plaza & Janés, 2014), la última novela de la escritora chilena Isabel Allende, autora de obras como El cuaderno de Maya o La casa de los espíritus. Allende, cuyas obras están traducidas a más de 35 idiomas, nos sorprende dando un giro total a su narrativa, e incursionando en un género que nunca antes había tocado: el policial. Al estilo de la novela negra escandinava y en un intento de seguir la estela de la trilogíaMillenium de Steig Larsson (aunque un poco lejos de la destreza del sueco), El juego de Ripper, que la pasada semana fue número uno en ventas en España, y ahora lo es además en Argentina y Chile, es la historia de una oleada de crímenes que sacude la Bahía de San Francisco, tal como antes había asegurado una famosa astróloga en sus predicciones. Los personajes principales, y los únicos interesantes de la novela, son femeninos: Indiana Jackson, dueña de una clínica holística y su hija Amanda, una adolescente inteligente e inquieta que con un grupo de amigos virtuales juega a “Ripper”, un juego de rol en el que van resolviendo crímenes en el Londres de Jack el Destripador. El juego tomará otro cariz cuando la madre de Amanda sea secuestrada y los chicos se utilizarán entonces la lógica de su juego para tratar de atrapar al asesino en serie que aterroriza a San Francisco. Siempre dos pasos delante de la policía, que la escritora refleja como un cuerpo incapaz de resolver el misterio. Vía mail, Isabel Allende respondió a las preguntas que le planteó Clarín sobre la novela.
-¿Por qué decidió cambiar tan radicalmente de género?

- Fue idea de mi agente, Carmen Balcells. Se le ocurrió que mi esposo, William C. Gordon, escritor de novelas policiales, y yo podíamos escribir algo juntos. A mí el género no me había interesado hasta que decidí incursionar en él, entonces comprendí la fascinación que mucha gente tiene por ese lado oscuro de la existencia. Mi esposo y yo no pudimos cumplir los deseos de Carmen porque comprendimos rápidamente que íbamos a terminar peleando en serio. Él dice que soy muy mandona y que si es difícil aguantarme en la vida cotidiana, mucho más lo sería trabajando juntos. Además, el escribe en inglés y tiene una capacidad de atención de once minutos, yo escribo en castellano y puedo escribir durante once horas. Desistimos. Willie se fue a su pieza a escribir su sexta novela policial y yo a la mía a comenzar la primera.

-¿Cómo se documentó para que los crímenes fueran creíbles?

- Asistí a una conferencia de escritores de novelas policiales donde aprendí mucho. Hablé con policías, detectives, un médico forense, un químico que me orientó respecto a venenos, un experto en armas. Conseguí los libros que me recomendaron y me puse a estudiar. Incluso un asesino en serie me ayudó a crear un villano creíble.
-¿Es lectora de novelas policiales?
-No, pero leí la trilogía de Steig Larsson, algo de Jo Nesbo y vi películas de crímenes. Quería escribir algo dentro del género, ciñéndome a sus reglas habituales, pero con ironía, un poco en broma.
-La novela es muy realista, incluso violenta, pero se las ingenió para introducir elementos que recuerdan al realismo mágico. ¿Cómo se combina eso con el policial?

-Creo que la novela es muy realista. Vivo en California, donde todo lo New Age y la medicina alternativa está de moda- Conozco varias persona que consultan astrólogos, psíquicos, videntes y hasta un médium que comunican a perros y gatos muertos con sus amos. Cuando esto ocurre en Latinoamérica se llama realismo mágico, pero si pasa en el primer mundo tiene nombres aceptables. El personaje de Indiana Jackson, que emplea métodos poco convencionales para sanar, no es totalmente inventado, tuve como modelo a una “bruja” buena de Argentina. La astróloga predice lo que va a ocurrir, aunque al final del libro se sugiere que tal vez no fueron los astros quienes la informaron del baño de sangre que sufriría San Francisco, sino la persona que lo iba a provocar. Fue fácil combinar todo eso con lo policial, porque se da en la realidad todo el tiempo.
-Quienes en realidad resuelven los crímenes son un grupo de chicos, ¿ya no es creíble la figura del detective-héroe?

-James Bond está muy trillado, y los héroes son un fastidio. Me pareció una solución original que quienes resolvieran todo fueran unos chicos inadaptados que juegan online. Le llevan ventaja a la policía porque son intuitivos y porque tienen plena libertad para actuar sin las limitaciones de la burocracia. Ellos juegan y se divierten, como me divertí yo cuando escribí la novela y como espero que también los lectores se diviertan.

miércoles, 22 de enero de 2014

'Arte degenerado': publican online la lista de obras robadas por los nazis

Antes de fin de enero, el Museo Victoria & Albert de Londres publicará online la única versión completa que existe de la lista de obras de arte que el nazismo consideró "degenerado" y sacó de circulación. Hay obras de Paul Klee, Picasso, Matisse, entre otros.  

Poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, los nazis confiscaron miles de obras de arte que llamaron "degenerado" en galerías de toda Alemania. El régimen conservó registros de las 16.558 obras de arte moderno de artistas como Picasso y Van Gogh, que luego fueron vendidas, prestadas o destruidas. El Museo Victoria & Albert de Londres anunció que antes de fin de mes publicará online el único inventario completo que existe del "Entartete Kunst" o Arte degenerado, unos 17 años después de que entrara en su colección.

"Es una de las fuentes fundamentales para entender lo que pasó con una gran cantidad piezas", dijo Heike Zech, curador de la Colección Gilbert del V&A, al diario The Independent. "Queremos que todos tengan la oportunidad de ver los documentos originales de un asunto tan polémico y difícil", agregó. A la importancia en sí de estos documentos, el hecho de que a fines del año pasado se hayan encontrado en un departamento de Munich 1400 obras
 de la colección de Hildebrand Gurlitt le aporta relevancia. El nombre de Gurlitt aparece varias veces en el documento del museo, en el que también se confirma que Herman Goering había comprado tres Van Gogh.

El del arte degenerado nazi forma parte de un plan más amplio del museo de digitalizar su material de archivo. "El caso Gurlitt en Alemania realmente dio en el punto de que esto tiene que ser ahora", dijo el Dr. Zech. La lista fue compilada en el apogeo de la Segunda Guerra Mundial por el Reichsministerium pieles Volksaufklärung und Propaganda, el Ministerio de Instrucción Pública y Propaganda, y cuenta con los nombres de Paul Klee y Oskar Kokoschka, y del alemán Franz Marc, cuya inclusión causó polémica entre los veteranos de guerra porque había luchado por Alemania en la Primera Guerra Mundial, y muerto en 1916.

Las obras fueron confiscadas por el régimen nazi entre 1937 y 1938. Eran, a grandes rasgos, arte moderno. "Todo lo que no fuera sencillo y figurado, lo abstracto y demás era confiscado", explicó el curador Zech. La lista, en orden alfabético y dividida en dos volúmenes, fue donada al museo por la viuda de Heinrich Robert Fischer en 1996, como parte de una colección más grande de publicaciones sobre arte alemán. Fischer era un comerciante de arte de origen austríaco que huyó a Gran Bretaña en 1938, antes de servir en el Cuerpo de Pioneros del ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial.

Zech aclaró que este documento es especialmente importante porque es el único de los tres ejemplares sobrevivientes que contiene los listados de un segundo volumen. El listado ordena las instituciones alfabéticamente por ubicación –desde Aachen a Zwickau– y luego por ubicación cada artista por orden alfabético. Los que tienen una "x" al lado en el registro, fueron destruidos.

"Esperamos que la publicación online del documento inspire más investigaciones entre una gama más amplia de personas que de otra manera no podrían haber tenido acceso", explicó Zech, que aclaró hasta ahora había estado a disposición de los estudiosos pero nunca del público. El doucmento aparecerá en breve en una versión en PDF y el equipo de investigación está trabajando actualmente en una herramienta de búsqueda.

Entartete Kunst fue el título de una exposición que se organizó en 1938 en Munich con "fines educativos", es decir, como ejemplos de mal arte. Para completar el circuito, muy cerca de allí se montó otra exposición del "gran arte alemán", para delinear cómo debía verse. "La ironía, por supuesto, es que todo el mundo se fue a ver la exposición Arte degenerado", dijo Zech. "Fue la más visitada y popular del arte moderno de la época. Sólo unos pocos visitantes se dieron una vuelta por la otra".

 

martes, 21 de enero de 2014

FOTOGALERÍA







Modelos presentan las creaciones del diseñador Charlie Le Mindu, hoy lunes 20 de enero de 2014, durante un desfile de la Semana de la Alta Costura de París, en París, Francia. (EFE/Yoan Valat) - 

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Clarín

lunes, 20 de enero de 2014

Una fuente mágica que nunca se agota

Después de la muerte de Mao en 1976, que había impuesto el realismo socialista de influencia soviética, la tinta y el pincel gozan de una suerte de regreso triunfal que algunos artistas llaman "pintura experimental con tinta".

POR ROBERTA SMITH

The New York Times
Cuando se habla de la historia del arte chino, pocas tradiciones son tan veneradas como el bimo, es decir, la tinta y el pincel. Con esta simple combinación de herramienta y material, se han alcanzado durante siglos los mayores logros de China –la pintura de paisaje y la caligrafía.

La técnica del bimo no vivió un período fácil durante el siglo XX, debido, inicialmente, al modernismo europeo, y luego al Realismo socialista de influencia soviética impuesto por Mao. Las cosas comenzaron a aliviarse, después de la muerte de Mao en 1976, y la tinta y el pincel gozan de una suerte de regreso triunfal que algunos artistas llaman “pintura experimental con tinta”.
Ink Art: Past as Present in Contemporary China, en el Metropolitan de Nueva York (hasta el 6 de abril), analiza este resurgimiento. Presenta 70 obras de 35 artistas, en su mayoría nacidos entre los años 1950 y 1960, de los cuales algunos han tenido muy poca, o ninguna, exposición en Nueva York. La muestra pone en evidencia que algunos artistas encontraron nuevas maneras de usar el pincel y la tinta sobre el papel, en tanto otros conjuraron sus efectos en la fotografía, el video, la animación y hasta en el arte de performance a partir de fotos.
Uno de los trabajos es por ejemplo “Árbol familiar”, 2001, de Zhang Huan, que consiste en nueve fotos color donde aparece la cara del artista progresivamente entintada con palabras en chino, hasta quedar completamente negra, como si Zhang hubiera sido consumido por el palabrerío de su lenguaje o por sus pensamientos.
La exposición debe lidiar con un montaje disperso, incluye trabajos que no siempre están a la altura de la ocasión. Esta estrategia permite que haya algunos objetos firmados por Ai Weiwei, una figura que el Met tal vez consideró esencial pero de la cual la muestra podría haber prescindido.
“Ink Art” es la primera retrospectiva de arte chino contemporáneo en el Met, que cuenta con una de las mayores colecciones de arte chino tradicional en Occidente y un programa de exposiciones igualmente amplio. La muestra fue instalada en todas las salas de arte chino del Met, a veces en compañía de material mucho más antiguo, o en salas con profusos toques arquitectónicos chinos.
El montaje estira la muestra casi hasta un punto de inflexión, en tanto los dos primeros artistas quedan anclados en una galería próxima al Hall Central. La arquitectura también exige disposiciones que desdibujan los temas de la muestra: escritura, paisaje, abstracción y “más allá del pincel”.
De todos modos, “Ink Art” constituye de alguna manera un hito por la forma en que coloca el arte chino reciente sobre el telón de fondo de las apreciadas tradiciones de la tinta y el pincel. Más aún, tiene un enfoque formal que suele estar ausente en las retrospectivas contemporáneas. Y parte de esa cualidad despareja de la muestra puede llegar a tener sus beneficios. Las obras reunidas acaban presentando ambas aristas de un problema universal: cómo encuentran su propia voz los artistas trabajando con y contra el arte que los precede, o cómo no la encuentran, apoyándose en cambio en demostraciones de audacia, de habilidad, de ideas preconcebidas o de un marco conceptual.
La exposición comienza a mediados de los ochenta, cuando llegó a buen puerto el intenso período de la puesta al día vanguardista después de Mao, y artistas que habían absorbido las ideas artísticas occidentales comenzaron a emerger a nivel internacional. La primera de las galerías principales de la muestra despega en un arranque notable con tres rollos colgantes en su mayor parte negros de la serie “Mitos de dinastías perdidas”, 1985, de Gu Wenda, que combinan algunos caracteres chinos gigantescos y superficies de pinceladas extravagantes con algo de paisaje relativamente realista, todo lo cual da la sensación de una tormenta que se acerca a toda velocidad.

A su lado está “Imagen en caracteres de tipografía negra”, de 1989, una obra individual sobre seis grandes hojas de papel de Wu Shanzhuan, un artista conceptual. Esta creación audaz de caligrafía tridimensional en negro sobre rojo y blanco se apropia de la paleta y los caracteres aumentados de la Revolución Cultural. Otras aventuras en caligrafía incluyen las abstracciones enormes e intrépidas de Wang Dongling, y “Libro del Cielo”, 1991, de Xu Bing, una instalación sensorial de libros manuscritos y rollos de pared y techo cuyos caracteres inventados son ilegibles tanto para los orientales como para los occidentales.

Estas obras llenas de ferocidad atraerán la atención del espectador, independientemente de que le gusten o no. Es algo que consiguen gracias a la destreza. La más cautivante es un rollo exquisito hecho a mano por Yang Yongliang, que nació en 1980 y se formó en la pintura de paisaje china tradicional antes de volcarse a la técnica de fotomontaje digital en “Vista de la marea”. Este tributo extremadamente refinado a los rollos pintados a mano de la dinastía Song del siglo XII constituye un comentario al rápido desarrollo de la Nueva China: pronto se verá que las islas rocosas y los bosques densos son en realidad rascacielos de departamentos y torres de alta tensión. Otras candidatas son el recargado “Rollo de tinta” (1990) de Liu Dan, un paisaje denso, anaranjado en parte, con una plétora de formas estilo O’Keeffe que casi podría ser una ilustración para un cuento de ciencia ficción, y la obra más serenamente cósmica “Caos primaveral” de Ren Jian, de 198788. Los grandes paneles de tinta sobre papel de Zhang Yu describen formas oscuras y toscas que sugieren la explosión de un meteoro o planchas apiladas de asfalto agrietado, representadas con una tensión casi fotográfica que las hace notablemente dramáticas. “Diccionario”, 1991, de Liu, una representación inmensa en tinta y acuarela de un diccionario pequeño, es menos llamativa pero más fácil de confundir, sin embargo, con una fotografía.

Hay antídotos muy atractivos a este acabado tan brillante. Duan Jianyu, una de las pocas mujeres en la muestra, aporta imágenes fragmentadas de paisajes chinos tradicionales aisladas sobre trozos de cartón.

Muchas de las obras simplemente ponen un toque chino a estrategias de creación artística, especialmente el ready-made rehecho como escultura. En este caso, significa sillones chinos con el respaldo redondo en acero inoxidable, rocas de colección moldeadas en silicona púrpura o acero inoxidable y una atractiva túnica de ceremonial en plástico claro y bordada con tanza de vinilo color verde agua.